Nicol Cardinal L Nicol Cardinal L
Function:
Archbishop of Santo Domingo, Dominican Republic
Title:
Cardinal Priest of S Pio X alla Balduina
Birthdate:
Oct 31, 1936
Country:
Dominican Republic
Elevated:
Jun 28, 1991
More information:
www.catholic-hierarchy.org
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Spanish El sacerdocio inmutable del Cardenal
Apr 17, 2011

El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez acaba de celebrar 50 años de su ordenación sacerdotal.

Todo el pueblo cristiano ha festejado de forma solemne dicho onomástico, y la opinión pública ha aprovechado la ocasión para testimoniar su reconocimiento al obispo emérito, nuestra personalidad religiosa por excelencia, un virtuoso para el catolicismo latinoamericano, a quien el Papa Juan Pablo II designó, en 1988, “príncipe de la iglesia” dominicana, cuya historia hunde sus raíces en los 500 años del descubrimiento de América.

Cinco décadas ofrecidas al ministerio cristiano, convertido en guardián de las tradiciones sagradas y actuando como portavoz de la divinidad, son suficientes para resaltar el carácter inmutable que sustenta la predicación apostólica del cardenal López Rodríguez.

Su voz profética, denunciadora de las peores inconductas sociales, acusadora de la corrupción política y vigilante de cuantos intentos de secularización y profanidad se han orquestado en el mundo, y particularmente en nuestro lar nativo, ha devenido en la referencia moral más elevada de la RD.

Creo que el compromiso de López Rodríguez, recto en la fe, valiente en el dogma, inflexible frente a lo profano y orientador dentro de la controvertida problemática social actual, constituye un sacerdocio que parece elegido y consagrado por Dios mismo para su servicio. San Pablo nos desbroza el camino en este sentido. “Dispensadores de los misterios de Dios”, así llamaba el apóstol a los responsables de las comunidades antiguas, y consideraba la fe de los fieles como “un sacrificio y una oblación” (Filipenses 2,17). Para él, la vida entera de los cristianos es un acto sacerdotal; los invita a ofrecer su cuerpo “en hostia viva, santa, agradable a Dios: tal es el “culto espiritual que tenéis que tributar” (Romanos 12, 1).

Pero es dentro del contexto de la nueva imagen del pastor, establecida en el decreto sobre la función pastoral de los obispos en la iglesia, del Concilio Vaticano II, donde encaja perfectamente el perfil que ha alcanzado el sacerdocio de López Rodríguez. Este decreto, que ha sido calificado como el más innovador del histórico cónclave, articula las funciones de los prelados sobre tres aspectos: enseñar la doctrina cristiana, santificar y regir.

¿Cumple López Rodríguez tales roles? Creo que sí, y holgadamente. Su enseñanza tiene como fundamento las sagradas escrituras, la tradición, la liturgia, el magisterio y la vida de la iglesia.

En cuanto a santificar, como ordena el precepto, él está tomado de entre los hombres y constituido a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Respecto a la función de padre y pastor, o sea, regir, él ha sido un servidor en medio de los suyos: buen pastor que conoce sus ovejas y a quien estos conocen también; verdadero padre, que se distingue por el espíritu de amor y de solicitud por todos, a cuya autoridad, concedida por Dios, se someten todos de buen grado.

El Cardenal primado de América ha anunciado sin miedo la voluntad de Dios, desafiando la secularización progresiva que amenaza los fundamentos de la fe cristiana. Por ende, sacrificio y oblación han sido el itinerario de fe seguido por el sacerdote que festeja ahora sus bodas de oro con la iglesia universal.

En medio de tentaciones y tribulaciones permanentes, atravesando una época que entroniza la cultura de la muerte, López Rodríguez ha permanecido fiel a la palabra de Dios, célibe, constituida su castidad en ejemplo de integridad en un tiempo signado por el escándalo de ciertos clérigos que no se han hallado a la altura de los cometidos de su unción.

Bajo su égida, las obras de evangelización y el apostolado de la iglesia católica dominicana rinden sus frutos y son una constante en la sociedad. Es la institución moral de mayor respeto, en ocasiones la única con capacidad mediadora y de diálogo en nuestro país y, concomitantemente, la protectora de los pobres y desvalidos, la esperanza de conversión para los paganos. El número de fieles ha crecido enormemente, en especial la grey juvenil, que encuentra dentro de las parroquias la luz moral capaz de iluminar su sendero y la lámpara para sus pasos. Defensor intransigente del derecho a la vida, a López Rodríguez no le tembló el pulso para movilizar a todo el pueblo cristiano en aras de contrarrestar los intentos por despenalizar el aborto. Si hemos logrado darle rango constitucional al irrestricto derecho a la vida, se debe, en gran medida, a la tenacidad del Cardenal López Rodríguez, a la coherencia de la Conferencia del Episcopado Dominicano y a la fidelidad del pueblo de Dios.

Al propio tiempo, su voz se ha alzado contra la galopante tasa de divorcios que desintegra la familia; su prédica ataca por igual al matrimonio homosexual, a la eutanasia, la pedofilia dentro de la iglesia, el robo de los fondos públicos, el narcotráfico, la delincuencia e inseguridad ciudadana y cuantas prácticas corroen los cimientos de la sociedad.

Pero él no solamente ataca los males y denuncia los peligros, sino que también construye la fe. De los seminarios locales han salido una gran cantidad de ministros consagrados suficientes para la exportación, crecen las vocaciones sacerdotales, las familias en misión, matrimonios reconstruidos y, en especial, ha dado su anuencia para que, siguiendo las directrices de los pontífices Juan Pablo II y Benedicto XVI, el Camino Neocatecumenal, una expresión de fe del Concilio Vaticano II, se expandiera significativamente en la RD.

Al respecto el prelado ha dicho: “El Camino Neocatecumenal viene a ser, precisamente, una respuesta dentro de todos estos problemas de hoy, vivencia de la fe, falta de testimonio, ausencia de coherencia entre fe y vida”.

Los sagrados pastores, como el cardenal López Rodríguez, al dedicarse al cuidado espiritual de su grey, también se preocupa del progreso y de la prosperidad social y civil. Con este fin están llamados a colaborar con las autoridades civiles e inculcan la obediencia a las leyes justas y el respeto a los poderes legalmente establecidos.

A punto de cumplir 75 años dentro de poco tiempo, López Rodríguez se apresta a jubilarse, conforme a lo establecido por el canon y la tradición de la iglesia; ojalá no prescindamos del talento cardenalicio, “el hombre del conocimiento”, figura que aparece en los textos sagrados más remotos como “el mediador de la palabra de Dios, bajo su forma tradicional de historia y de códigos”.

Posdata: Sirva el presente texto a modo de demorado desagravio público debido a tres artículos infames que, cegado por la pasión política, escribí en este diario contra Su Eminencia Reverendísima López Rodríguez, a propósito de los comicios del año 2004.

http://www.listindiario.com.do/puntos-de-vista/2011/4/6/183713/El-sacerdocio-inmutable-del-Cardenal
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