Estanislao Esteban Cardinal Karlic Estanislao Esteban Cardinal Karlic
Function:
Archbishop Emeritus of Paran
Title:
Birthdate:
Feb 07, 1926
Country:
Argentina
Elevated:
Nov 24, 2007
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Spanish Entre Ríos homenajeó al cardenal Karlic
Dec 29, 2007
En la mañana de ayer se llevó a cabo en la Cámara de Diputados de la Provincia de Entre Ríos un homenaje al arzobispo emérito de Paraná, cardenal Estanislao Esteban Karlic, en reconocimiento a su trayectoria y labor apostólica.

Paraná (Entre Ríos), 28 Dic. 07 (AICA) El purpurado -que antes de pasar al recinto recibió los saludos del gobernador, Sergio Urribarri- fue recibido por el presidente de la Cámara Baja, doctor Jorge Pedro Busti. Se encontraban presentes también el arzobispo de Paraná, monseñor Mario Luis Bautista Maulión y su obispo auxiliar, monseñor César Daniel Fernández, y participaron del acto todos los legisladores, ministros y el gobernador, quien le entregó un presente como homenaje a quien fue por más de 20 años el pastor de la Iglesia arquidiocesana.

    Posteriormente el arzobispo emérito fue declarado ciudadano ilustre de la provincia a través del Decreto Nº 316 del 27 de diciembre de 2007.

El político debe ser simplemente sabio y noble
    El cardenal Karlic expresó su agradecimiento por este acto, “que es un don inesperado como acontece en toda auténtica relación de los hombres, porque la persona humana sólo acaba de realizarse en la gratuidad de la amistad” y dirigió a los presentes un discurso en el que recordó “muy brevemente algunas afirmaciones sobre la persona humana y sobre su lugar en la sociedad”.

    Parece oportuno hacer estas referencias fundamentales en medio de una cultura que después de proclamar ‘la muerte de Dios’, ha proclamado también ‘la muerte del hombre’, es más, sostiene un relativismo del conocimiento absoluto, que contradice las afirmaciones sobre la dignidad de la persona humana, y, si se es consecuente, las de sus derechos y sus deberes”, señaló el purpurado.

    Tras afirmar que el hombre “es un misterio que sólo se esclarece en el misterio de Dios”, señaló: “Creado por Dios maravillosamente, y más maravillosamente redimido por El, es imagen y semejanza divina. Si ya a la luz natural de la razón podemos descubrir su dignidad, los cristianos confesamos que tal dignidad se funda en la intimidad de cada hombre con Jesucristo, porque Cristo, con su encarnación, se ha unido de modo misterioso pero real, a todos los hombres, lo tengan presente en su conciencia o no”.

    En ese sentido sostuvo que el político “debe saberse servidor de esta creatura, que es él también. A los políticos de fe cristiana, es preciso recordárselo. A los que no comparten nuestra fe es necesario hacérselo conocer, porque ellos sirven también a cristianos, y porque, creemos que es nuestro deber ofrecer el tesoro de nuestra fe. El político debe ser un ‘experto en humanidad’ para poder acompañar a los otros hombres en el camino de la vida. Y por su origen divino y su semejanza con Dios, el hombre es capaz de conocer la verdad, capaz de amar y capaz de libertad. Inteligente, amante y libre, debe combatir contra toda clase de esclavitud: él está llamado a ser, con la ayuda de Dios y también de sus hermanos, dueño de sus opciones y responsable de sus acciones”.

    Agregó que los políticos “deben abrir las posibilidades para el desarrollo de la persona en todas sus dimensiones: la cósmica para el trabajo; la social para la amistad social; la divina, para la relación religiosa”. Aclaró que aunque “no deben ser sacerdotes, tienen que posibilitar y facilitar las manifestaciones de fe. Deben buscar permanentemente la relación de los ciudadanos entre sí, no sólo por necesidad de ayuda en lo económico, en lo educativo, etc., sino por sobreabundancia de valores que unos tienen y quieren compartir con los demás. Deben además crear las condiciones públicas que abran la igualdad de oportunidades para el trabajo, conforme a las necesidades de todos y a las posibilidades del tiempo y del lugar. Esta es una responsabilidad inmensa que tienen ante Dios y ante la historia”.

    “La dignidad de la persona no se negocia. Desde su concepción hasta su muerte natural, el ser humano, cualquiera sean sus dimensiones y sus circunstancias, si es, es hombre, con su dignidad, sus derechos y sus deberes, que deberá cumplir siempre que pueda”, subrayó. En este punto advirtió que “los sistemas totalitarios, que han negado esta identidad a las personas que no compartían sus ideologías, no son los únicos que desconocen la dignidad humana. Estas lesiones a la humanidad de cada hombre se dan en el trato injusto a pobres, a mujeres, a niños abortados, a migrantes que salen de su tierra en busca de pan y porvenir, a los muertos inocentes en los actos terroristas y en las guerras”.

    El purpurado indicó que el político “debe suponer la familia, la educación, las instituciones intermedias, en fin, la cultura, pero el Estado debe facilitar la difusión de los valores y evitar su silencio o su negación. Por eso el político debe ser, repito ‘experto en humanidad’. Por eso el político, debe ser ‘una gran persona’, en todos los sentidos. Cuanto decimos debe ser visto en el marco de la globalización y de los cambios rápidos, profundos y universales. En verdad el político debe desarrollar la profundidad y la universalidad propia de la inteligencia y de la voluntad, debe ser simplemente sabio y noble. Debe tener la virtud de la magnanimidad, para abrir horizontes a su pueblo, especialmente en el ámbito legislativo”.

    “Es preciso -prosiguió- suscitar la solidaridad hasta la verdadera amistad social, hasta la fraternidad ciudadana, un principio político demasiado olvidado. Es preciso además exigir la subsidiariedad, para que todos participen, con la riqueza de su contribución, para que sea verdad que la nación es de todos”.

    Al recordar, citando a San Agustín, que “la medida de una sociedad política es la de la comunión verdadera de sus amores, que deben ser en la verdad y en el bien”, aseguró que “el amor construye, el odio destruye”, y llamó a ser “un pueblo de hermanos y de paz. Capaces de perdonar y cambiar los corazones de los que obraron mal. La libertad del pecador puede cambiar porque permanece libre, porque los hombres buenos lo quieren ayudar y mucho más, porque Dios lo quiere y El es fiel. Los hombres y los pueblos se miden en el amor, que tiene su cima en el perdón”.+
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