Llu Cardinal Mart Llu Cardinal Mart
Function:
Archbishop of Barcelona
Title:
Birthdate:
Apr 29, 1937
Country:
Spain
Elevated:
Nov 24, 2007
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Spanish Homilía del cardenal Martínez Sistach en la beatificación del sacerdote y mártir Josep Samsó Elias
Jan 31, 2010

Basílica de Santa María de Matar (Barcelona), 23 enero 2010

Celebramos con gozo la beatificación del Dr. Josep Samsó i Elias, sacerdote y mártir, que fue párroco de esta Basílica parroquial de Santa María de Mataró, de la que siempre cuidó mucho y a la que promovió para ser declarada Basílica.



Agradecemos de corazón al Santo Padre Benedicto XVI que haya acogido mi petición de poder celebrar esta Beatificación en el marco del milenario de la parroquia de Santa María y que hoy por medio de su representante que nos ha enviado, el apreciado Arzobispo Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, haya proclamado solemnemente Beato a nuestro querido Dr. Josep Samsó. Nuestro agradecimiento al santo Padre se convierte en oración devota y filial por el ejercicio de su ministerio eclesial de Sucesor de San Pedro al servicio de toda la Iglesia extendida de Oriente a Occidente.



La proclamación del Dr. Josep Samsó como Beato, así como todos los beatos y santos, pone de relieve los méritos infinitos de Jesucristo, nuestro único Salvador. La Iglesia al venerar la santidad de sus hijos e hijas, da gloria a Dios, porque en los mártires venera a Cristo que estaba en el origen de su martirio y de su santidad. La Iglesia siempre ha encontrado en los mártires una semilla de vida. “Sanguis martyrum semen christianorum” (Tertuliano, Apologeticus, 50, 13: PL I, 534). Al venerar hoy a este nuevo Beato mártir de la Iglesia, se nos hace presente el recuerdo de la Iglesia del segundo milenio que ha vuelto a ser Iglesia de mártires: Y como afirmaba Pablo VI y nos ha recordado Juan Pablo II, el testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre ha llegado a ser patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes (cf.  Tertio millenio adveniente, 37). Es una herencia que no se ha de perder y que se ha de transmitir para un perenne deber de gratitud y un renovado propósito de imitación.



A la vez la Iglesia de los mártires, que son los testigos más excelentes de su amor a Dios y a los hermanos, siempre pone de relieve el mensaje testimonial de perdón y reconciliación, a imitación de Jesucristo quien murió de forma cruenta en la cruz amando y perdonando. Este mensaje y este testimonio de perdón y de amor aparecen claramente en el martirio de nuestro querido párroco de la parroquia que hoy nos acoge.



Es una gracia de Dios que la Beatificación del Dr. Samsó, sacerdote y mártir, coincida en este Año Sacerdotal que estamos celebrando por indicación del Papa Benedicto XVI, y que quiere ayudar a los sacerdotes a vivir con mayor intensidad el don del sacerdocio y del ministerio presbiteral, recordando al santo párroco de Ars, Juan María Vianney, y también a nuestro beato párroco de esta parroquia de Santa María, Josep Samsó o a otros santos y beatos sacerdotes de nuestra diócesis. Y esta beatificación también ayudará al resto del pueblo de Dios a valorar y apreciar más la figura y el ministerio de los sacerdotes, orando por ellos y colaborando con ellos en la pastoral, ayudándonos a todos a pedir constantemente a Dios vocaciones sacerdotales. Con gozo los obispos de Cataluña hemos convocado a los sacerdotes de nuestras diócesis a participar en esta Jornada Sacerdotal con motivo de la Beatificación de este párroco y mártir.



Nuestro Beato nació en Castellbisbal, el 17 de enero de 1887, en el seno de una familia cristiana que lo inició en la vida de fe, de esperanza y de caridad. Ya de muy joven sintió la llamada de Dios a la vocación sacerdotal y se formó en el Seminario Diocesano de Barcelona. Recibió la ordenación sacerdotal el 12 de marzo de 1910, ejerciendo el ministerio presbiteral como vicario de la parroquia de San Julián de Argentona, párroco de la parroquia de San Juan de Mediona y desde 1919 hasta 1936 párroco de la parroquia de Santa María de Mataró.



La formación religiosa y espiritual que recibió en la familia y en el Seminario hizo de él un sacerdote diocesano que dedicó toda su vida y su ministerio a imitación del Buen Pastor, entregándose con generosidad y celo pastoral a todos los feligreses y trabajando incansablemente al servicio de la formación catequética y religiosa, de la celebración de la fe y del testimonio de la caridad de todos los parroquianos. Vivió con intensidad la espiritualidad propia de un sacerdote diocesano, sintiéndose siempre miembro del presbiterio de la diócesis presidido por el Obispo como sucesor de los Apóstoles, y al servicio de la vida cristiana de los miembros de la porción del pueblo de Dios que peregrina en la Iglesia diocesana.



El Dr. Samsó vivió con radicalidad el contenido de la Palabra de Dios que hoy hemos escuchado. Lo hizo siempre en el ejercicio de su ministerio en los momentos socio-políticos que le tocó vivir. Era muy consciente de que “el alma de los justos está en manos de Dios” y de que “si tenemos a Dios a favor ¿a quién tendremos en contra?”. Estaba muy seguro, como el mismo Apóstol Pablo, de que “ni la muerte ni la vida, ni los ángeles u otros poderes, ni nada del mundo presente o del futuro, será capaz de alejarnos de Dios, quien, en Jesucristo ha demostrado cómo nos ama”.



Con este profundo convencimiento que alimentaba su sólida espiritualidad sacerdotal fue el pastor que procuró no faltara nada al rebaño que el Señor le confió, tanto en lo referente a la vida y formación del espíritu como a la ayuda concreta en casos de muchas necesidades. Como ha dicho el Papa Benedicto XVI, “los santos son los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres y mujeres de fe, esperanza y caridad” (Dios es amor, 40). El testimonio del nuevo Beato nos ha de animar a intensificar el propósito que tenemos en nuestra Iglesia de Barcelona de realizar una pastoral diocesana más misionera y evangelizadora, y a todos a “creer en el evangelio y anunciarlo con nuevo ardor”, tal como pedimos los Obispos de Cataluña en el documento del año 2007.



Nuestro Beato fue un excelente catequeta, de tal manera que el Obispo Irurita decía de él que era “el primer catequista de la diócesis”. Su dedicación y competencia en el campo de la catequesis le llevó a disponer de un buen número de catequistas que acompañaba y formaba para que la catequesis se adaptara a la mentalidad de los niños. De él se ha escrito que “fue el primero que se percató, antes que ningún otro en España, de la importancia que tiene la formación de los niños en el catecismo. Y fue él quien lanzó la chispa que había de encender el celo catequético” (Dr. Joan Tusquets). El testimonio del Dr. Samsó nos ha de ayudar a valorar muchísimo la catequesis y a intensificar la preparación de buenos catequistas deseosos de perfeccionarse en este arte superior, indispensable y exigente que es la catequesis (Cf. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 44), para que faciliten un encuentro personal con Jesús, ya que Benedicto XVI nos ha dicho que “no se empieza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con esto, la dirección definitiva” (Dios es amor, 1),



Una característica del sacerdote del Nuevo Testamento es, como dice San Pablo, la disposición a “dar la vida” por las ovejas (Cf. Fil.2, 17). El Beato Josep Samsó vivía esta espiritualidad cristiana y sacerdotal constantemente en el ejercicio de su ministerio. Entregaba su vida incruentamente. Sin embargo, en medio de aquellos tiempos difíciles que vivió, había pensado, e incluso deseado, la entrega cruenta de su vida. Hablando en el Patronato Obrero decía: “Ésta es la flor más perfumada que puedo presentar en mi último día a Nuestro Señor, tan sólo podría hallar una todavía más preciosa: dar mi vida por Jesús”. Y el día de San Juan de 1936, decía a una religiosa: “Pongámonos del todo en manos de Dios… Yo, cada día, en la oración, me preparo para el martirio”.



Y el Señor le otorgó el don del martirio con el que coronó su vida sacerdotal. Fue el primer día de setiembre de 1936, después de pasar unos días en la prisión de Mataró por su condición de ser el párroco de Santa María, por su condición de ser sacerdote. El martirio de nuestro Beato tiene aspectos que imitan muchísimo la pasión y muerte de Jesucristo en la cruz. Detenido la mañana del 30 de julio de 1936, al exigirle que se identificara, contestó: “Yo soy a quien buscáis”. Permaneció en la cárcel de Mataró durante un mes. El primero de setiembre se despidió de sus compañeros de prisión con su “Dios sobre todo”. Conducido al cementerio de Mataró dijo a los que se disponían a matarlo que “los perdonaba de corazón como Jesús había perdonado a los que iban a clavarlo en la cruz”, y  exclamó: “Abrazadme, yo os perdono a todos”.  No quiso que le taparan los ojos, diciéndoles: “Yo no soy un criminal, quiero morir mirando a Mataró y a las Santas que tanto he amado”; puso los brazos en cruz y entregó su vida con el martirio.



Jesús nos ha dicho en el Evangelio de hoy que si el grano de trigo cuando es sembrado muere, da mucho fruto. La fama de santidad de Josep Samsó se consolidó y aumentó después de su muerte por su fidelidad a la vocación sacerdotal, su celo pastoral como párroco, las celebraciones de la fe, la dirección espiritual, la visita a los enfermos, el perdón de los enemigos y su voluntad de ofrecer la vida por sus feligreses si era imprescindible. En la esquela publicada el año 1939 se leía: “Sacerdote ejemplar, apóstol de los niños, guía de la juventud, maestro de vocaciones, padre de los pobres, celoso de la casa de Dios. Dio su vida por sus ovejas”.



Con la celebración de la Beatificación de Josep Samsó ponemos de relieve un servicio que como sacerdote él realizó. El Concilio Vaticano II nos dice que “la llamada a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad va dirigida a todos los fieles, de cualquier estado o condición, y con esta santidad se promueve, incluso en la sociedad temporal, un estilo de vida más humano” (Lumen Gentium, 40). Tal afirmación nos recuerda que la fe y la santidad tienen unos efectos benéficos no tan sólo sobre las personas individuales, sino también sobre la sociedad. La santidad es un factor más que contribuye al logro del bien común de la sociedad. Los santos y los beatos son los mejores testigos de la fe y, a la vez, son unos grandes benefactores de la humanidad. Nuestro Beato Dr. Josep Samsó i Elias, con su vida sacerdotal ejemplar y con el testimonio de perdón y reconciliación de su muerte, ofrece una aportación muy positiva y muy necesaria para que nuestra sociedad avance por caminos de perdón y de reconciliación y alcance un presente y un futuro fundamentado en los auténticos valores de la espiritualidad, de la fraternidad, de la justicia y de la paz.

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