Llu Cardinal Mart Llu Cardinal Mart
Function:
Archbishop of Barcelona
Title:
Birthdate:
Apr 29, 1937
Country:
Spain
Elevated:
Nov 24, 2007
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Spanish Homilía cardenal Barcelona, Lluís Martínez Sistach en la ordenación episcopal de Sebastiá Taltavull
Mar 25, 2009

Nos hemos reunidos en esta catedral basílica metropolitana de Barcelona para la ordenación del Obispo Auxiliar, Mons. Sebastià Taltavull Anglada. Como sabéis, el Papa, accediendo benévolamente a la petición que le dirigí de poder contar con la ayuda de un obispo auxiliar en la tarea pastoral que me ha sido encomendada como Arzobispo de Barcelona, ha tenido la bondad de llamar a ejercer el ministerio episcopal a Mons. Sebastià Taltavull Anglada, sacerdote de la diócesis de Menorca, y muy vinculado a nuestra archidiócesis.

De nuevo manifiesto mi gratitud y la de toda nuestra Iglesia diocesana por esta delicadeza y estimación que el Papa Benedicto XVI ha querido tener con nosotros. Con este acto de reconocimiento reitero públicamente el testimonio de nuestra profunda y sincera unión con el sucesor de Pedro en el misterio de comunión de toda la Iglesia y el agradecimiento por el ejercicio de su ministerio primacial.



Nuestra celebración es eminentemente eclesial. Por medio de la Eucaristía la Iglesia vive y crece continuamente y el ministerio episcopal es para el bien del pueblo de Dios. Los pastores son necesarios para la Iglesia y por esto el Señor no deja de otorgar el don del ministerio pastoral. La ordenación episcopal que celebramos es una manifestación más del amor que Dios tiene a su Iglesia y concretamente a esta Iglesia diocesana de Barcelona.



El Concilio Vaticano II afirma que “Cristo el Señor  para dirigir al Pueblo de Dios y hacerle progresar siempre, instituyó en su Iglesia diversos ministerios que están ordenados al bien de todo el Cuerpo. En efecto, los ministros que poseen la sagrada potestad están al servicio de sus hermanos  para que todos los que son miembros del Pueblo de Dios y tienen, por tanto, la verdadera dignidad de cristianos, aspirando al mismo fin, en libertad y orden, lleguen a la salvación” (Lumen Gentium, 18). San Pablo nos ha dicho en el fragmento de la carta a los Corintios  que hay diversidad de dones y de ministerios, pero el Espíritu es el mismo, y de esta manera se alcanza la unidad y la comunión de la Iglesia.



Jesucristo ha confiado a los Apóstoles y a sus sucesores, los obispos, el servicio de velar con amor diligente por el Pueblo de Dios. Lo hacemos primeramente instruyéndolo con la sana doctrina que dimana de la Palabra de Dios y conduciéndolo por los caminos de una lectura devota y reflexiva  de las Sagradas Escrituras y de la escucha reverencial del magisterio eclesiástico. Los obispos tenemos también el ministerio de la santificación que se realiza celebrando y dispensando los misterios de nuestra redención, acompañando a los fieles con nuestro magisterio y nuestro ejemplo por los caminos de la oración. Y, finalmente, los regimos como buenos pastores, no por fuerza “no forzados sino voluntariamente, según Dios, no por mezquino afán de ganancia, sino de corazón; no tiranizando a los que os ha tocado cuidar, sino siendo modelos de la grey” (1Pe 5, 2-3).



Como nos dice Jesús en el evangelio que hemos escuchado, es Él el que nos escoge. Querido hermano Sebastià, el Señor te ha escogido y te pide, después de unos años de ministerio presbiteral, que te consagres al ministerio episcopal. Hoy, por la ordenación, te convertirás en sucesor de los Apóstoles y como ellos has de entregarte plenamente a la predicación de la Palabra y a la oración. Por la ordenación episcopal y la comunión jerárquica serás hoy incorporado al Colegio Episcopal que tiene como cabeza al Obispo de Roma, el sucesor de Pedro, y participarás con todos los obispos  de la solicitud por la Iglesia de Jesucristo, una y única, extendida desde Oriente a Occidente. Y esto lo harás especialmente colaborando con mi ministerio de pastor diocesano, amando y sirviendo a esta Iglesia de Barcelona, en la cual está presente y actuante toda la Iglesia universal.



El Señor te ha escogido para el ministerio de Obispo y, como nos dice en el fragmento evangélico que se ha proclamado, lo ha hecho para confiarte “la misión de ir a todas partes y dar fruto, un fruto que perdure”  A pesar de la complejidad y de las dificultades  que comporta hoy vivir y dar testimonio de la vida cristiana y ejercer el ministerio que el Señor confía –quizá todavía más al tratarse del ministerio episcopal-, sabemos que Él nunca nos deja solos. Jesús nos ha dicho que estará con nosotros día tras día hasta la consumación del mundo. Esto estimula la confianza que tenemos puesta en Él y a la vez nos anima. El ministerio que hoy te concede el Señor por medio de la invocación del Espíritu Santo y la imposición de las manos lo podrás ejercer dando fruto porque, no lo dudes nunca, contarás siempre con su amor y con su necesaria ayuda  Para llevar a cabo esta misión que Dios y la Iglesia te encomiendan es necesaria la fortaleza propia de una persona auténticamente madura. Pero el Espíritu que el Señor nos ha dado no es de cobardía, sino de firmeza, amor y sensatez.



Jesús, en el evangelio de hoy, nos ha hablado del amor que Él nos tiene, que es como el amor que el Padre le ha profesado a Él, y del amor con el que hemos de amar. Su mandamiento consiste en amar a Dios y amar a los hermanos. Para los pastores de la Iglesia este amor tiene unos contenidos específicos. Se trata de la caridad pastoral que se vive y se practica imitando a Jesús, el Buen Pastor, que vino no a ser servido sino a servir y a dar su vida por las ovejas  (cf. Mt 20,28; Mc 10,45). Se trata de perseverar en el amor del Señor, y esto pide cumplir sus mandamientos y hacer la voluntad del Padre. Hoy especialmente, a causa de la crisis económica, este servicio y amor nos piden que lo realicemos  sobre todo hacia nuestros hermanos y hermanas que atraviesan por momentos de graves necesidades.



En medio de la cultura presente en nuestra sociedad occidental, poco abierta a la trascendencia, materialista y en la que la cruz de Cristo –como en tiempos del apóstol Pablo- es motivo de escándalo o de necedad, es necesario ofrecer el testimonio claro y convincente del amor característico de los discípulos de Cristo.



Todos –y en especial los pastores- hemos de contestar una y otra vez como el apóstol Pedro a las tres preguntas de Jesús sobre el amor, para que el Señor nos confíe a cada uno de nosotros un servicio eclesial en el seno de la Iglesia o en el mundo. Tu constante respuesta afirmativa –querido hermano Sebastià- ha hecho posible que el Señor te confié hoy el ministerio episcopal.  El Concilio Vaticano II nos dice que “en el ejercicio de la función de padres y pastores, los obispos han de ser servidores en medio de los suyos: buenos  pastores que conocen a sus ovejas y a quienes éstos les conocen también; verdaderos padres que se distinguen por el espíritu de amor y de solicitud por todos” (Christus Dominus, 16).



En este Año Paulino en el que conmemoramos el bimilenario del nacimiento de San Pablo, resuenan en el corazón de la Iglesia, y de una manera especial en el de sus pastores, aquellas palabras que el apóstol se aplicaba a sí mismo. “¡Ay de mí si no evangelizara!”. El anuncio y la predicación de la Palabra de Dios constituyen el contenido capital del ministerio de un obispo. El reciente Sínodo Episcopal dedicado a la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia ha puesto de relieve la centralidad de la revelación divina en la vida cristiana y en la comunidad eclesial. Entre las principales funciones de los obispos sobresale sin duda  la de predicar el Evangelio.



La Iglesia de Barcelona tiene una larga historia. Evangelizada por los santos y mártires Eulalia, Cugat, Severo y Paciano, y enriquecida posteriormente por otros santos como San José Oriol, del cual este año celebramos el centenario de la canonización, y los coetáneos beatos Pere Tarrés y Josep Casas. Hoy la archidiócesis se esfuerza por evangelizar, catequizar, celebrar y vivir la fe y dar testimonio de la caridad. Y todo esto, que constituye la misión de la Iglesia, lo hacemos en nuestra sociedad, a la que, porque la amamos, queremos ofrecerle lo mejor que tenemos: la Buena Nueva del Evangelio y la salvación  de Jesucristo.



Por esto queremos que la pastoral diocesana sea más y más misionera y evangelizadora, ofreciendo a todos el anuncio explícito y claro de Jesús, bien conscientes de la necesidad urgente que tienen muchos hermanos nuestros de un encuentro personal con el Señor, ya que, como afirma el Papa Benedicto XVI en el inicio de su primera encíclica, se comienza a ser cristiano por medio del encuentro con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida, un encuentro personal con Jesucristo (cf. N. 1).Y queremos hacerlo con ilusión y confianza en las parroquias, en las comunidades religiosas, en los movimientos, en las escuelas e instituciones eclesiales. Es mucho lo que se está haciendo, pero hemos de hacer todavía mucho más. Por esto, con ilusión y confianza, hemos trabajado durante este trienio en nuestro Plan Pastoral Diocesano.



La diócesis de Barcelona ha sido siempre acogedora de los movimientos migratorios. Actualmente el número de inmigrantes es numeroso. Las parroquias y comunidades son sensibles a las necesidades espirituales, materiales y sociales de todos ellos y la presencia de los católicos de America y del Este europeo en las celebraciones y actividades de las comunidades cristianas contribuye a revitalizarlas y enriquecerlas.



Es necesario que tu ministerio, en el seno de esta iglesia, sea ejercido no sólo atendiendo a los que ya siguen o se esfuerzan en seguir fielmente a Jesucristo, sino también dedicándose con toda el alma al bien de aquellos que quizá se han desviado de alguna manera del camino de la verdad o ignoran el Evangelio y la misericordia salvadora de Cristo (cf. Concilio Vaticano II, Christus Dominus, 11).

       

Eres bien consciente, y todos hemos de tener plena conciencia de lo que Jesús nos ha dicho en el Evangelio: que nos ama, que somos sus amigos, que nos envía para dar fruto, añadiendo estas palabras: “Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado”. Tú has escogido como lema estas palabras del Señor: “Vosotros sois mis amigos”. Del fondo de nuestros corazones, hoy y siempre, surge un clamor humilde y sincero de acción de gracias a Dios que expresamos  con la Eucaristía que celebramos.



María estuvo reunida con el colegio apostólico en el Cenáculo a la espera de Pentecostés. Ella está siempre presente en la Iglesia y en la vida y la actividad de todos sus miembros  para que hagamos siempre aquello que Jesús nos dice y demos unos frutos que perduren para siempre. Lo pedimos hoy para el nuevo Obispo Auxiliar y para todos nosotros, invocando la intercesión de Nuestra Señora de la Merced, excelsa patrona de nuestra archidiócesis.



+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal Arzobispo de Barcelona
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