Llu Cardinal Mart Llu Cardinal Mart
Function:
Archbishop of Barcelona
Title:
Birthdate:
Apr 29, 1937
Country:
Spain
Elevated:
Nov 24, 2007
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Spanish "Los obispos catalanes dialogamos y pactamos"
Nov 13, 2007
El arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach (1937), será creado cardenal en el consistorio del próximo día 24 en Roma.

(La Vanguardia, 12/11/2007) Barcelona - Martínez Sistach confiesa: "He de continuar mi ministerio episcopal en Barcelona con máxima entrega. La Iglesia de Barcelona continuará trabajando con las restantes de Catalunya. Tenemos una realidad cultural, social, religiosa propia y específica a la que la Iglesia ha de aportar el Evangelio. Esto requiere respetar la autonomía de cada Iglesia diocesana y reforzar vínculos entre las dos provincias eclesiásticas de Catalunya, en colaboración con las restantes de España y Europa especialmente".

Al conocer la decisión del Papa usted aludió al Vaticano II.

Fue un auténtico don de Dios que mis estudios en Roma coincidieran con el Vaticano II. Ha marcado mi trabajo como sacerdote y obispo. Es inolvidable la noche del 12 de octubre de 1962, cuando Juan XXIII pidió a la multitud de congregados en la plaza de San Pedro que al llegar a sus hogares besaran a sus hijos y les dijeran que era el beso del Papa. Este concilio significa muchísimo para la Iglesia y de algún modo para el mundo. Fue un ponerse al día, escuchar la voz de los hombres y mujeres del mundo actual y ofrecer el verdadero rostro de la Iglesia para hablar con mayor autenticidad de Jesucristo.

Sectores de la Iglesia achacan la descristianización al Vaticano II. Otros piden un Vaticano III. El Vaticano II empezó a aplicarse en 1965 y no provocó el Mayo del 68, que fue un fenómeno, como la secularización, que coincidió con el concilio. Entre Vaticano II y descristianización no hay relación de causa-efecto. Benedicto XVI se preguntaba por qué ha sido tan difícil su aplicación.

¿Cuál es su respuesta?

Los problemas surgen por confrontarse dos hermenéuticas contrarias: disconformidad y reforma; esto es, renovación dentro de la continuidad de la única Iglesia, que crece con el tiempo pero permanece siempre la misma. Juan XXIII afirmó que nuestra tarea no es sólo guardar este tesoro precioso, sino también estudiar sin temor lo que exige nuestra época. Es la síntesis de fidelidad y dinamismo. Benedicto XVI afirma que el concilio debía determinar el modo nuevo de relación entre Iglesia y edad moderna.

Pero en nuestro país...

Son evidentes los frutos del concilio en la liturgia, la participación de los laicos en las comunidades y en las instituciones de la sociedad. Y tuvo incidencia muy positiva en nuestra transición al sistema democrático. Pero el Vaticano II aún no está plenamente aplicado para pensar en un Vaticano III.

Hay cristianos preocupados porque algunos intentan transmitir a Roma una imagen catastrofista de la Iglesia catalana.

Hay muchas realidades eclesiales muy buenas en Catalunya. Otras deben mejorar y corregirse, como en todas partes. Quizás no sabemos comunicar debidamente todo lo bueno que se hace en las diócesis catalanas, que es mucho. Como arzobispo de Barcelona he recibido a un sinfín de personas y grupos que explican sus muy diversas actividades en la Iglesia y en la sociedad.

Por ejemplo, hay setenta realidades de Iglesia presentes y muy activas en el Raval. También es cierto que los catalanes somos demasiado autocríticos, pero los cristianos en Catalunya tenemos motivos sólidos para la autoestima siempre necesaria para vivir con confianza, alegría y sencillez. ¿Qué sería de Barcelona sin las parroquias, las comunidades religiosas e instituciones eclesiales dedicadas a la espiritualidad, la enseñanza, los pobres, los ancianos, los enfermos, la cultura? Sería una ciudad muy pobre en todos los sentidos.

¿Por qué se propicia esta imagen catastrofista?

Esta imagen obedece a que no se conoce o no se quiere conocer nuestra realidad eclesial. Hay estereotipos que no se revisan. A veces se atribuye esta imagen catastrofista al nacionalismo, como si los sacerdotes se dedicaran a la política y no al trabajo eclesial. Esta afirmación es falsa. Los sacerdotes se dedican a su ministerio con generosidad y fidelidad a la Iglesia, respetando las legítimas opciones sociopolíticas de los cristianos y la doctrina social de la Iglesia.

¿Qué hacer en esta situación?

Como cardenal, continuaré esforzándome para corregir esta imagen que no corresponde a la verdad. Esta tarea nos incumbe a todos, y los medios de comunicación tienen un papel muy importante. Les pido a todos, dependan de la Iglesia o no, un máximo esfuerzo en presentar la realidad de la Iglesia en Catalunya con objetividad, sin prejuicios.

¿Influirá su acceso al cardenalato en la Iglesia catalana?

Mi nombramiento es expresión de afecto y valoración del Papa a la diócesis de Barcelona y a toda Catalunya, no sólo a mi persona. Hemos de agradecerle esta deferencia. Deseo que sea para la Iglesia de Catalunya un abrirnos más y más, evitando el peligro de encerrarnos en nosotros mismos. Podemos ofrecer muchas experiencias eclesiales muy positivas y aprender mucho de las otras diócesis. Pienso en la misión para las grandes diócesis europeas realizada en París, Lisboa, Viena, Bruselas y Budapest, a la que asistí para ver si puede celebrarse un año en la gran diócesis europea de Barcelona.

La Iglesia vive en la sociedad. Las posturas de los episcopados catalán y español respecto al poder político parecen distintas.

En términos generales, creo que esta apreciación es objetiva. El episcopado catalán, quizás por la manera de ser de nuestro pueblo, tiende al diálogo, la colaboración, el acuerdo, el pacto. Con el poder político mantenemos una colaboración desde nuestra identidad eclesial, con una actitud crítica constructiva, conscientes de que el ejercicio de responsabilidad política y de gobierno no es tarea fácil y de que, a la luz del Vaticano II, es necesaria una mutua independencia y una sana colaboración, ya que la comunidad política y la Iglesia están al servicio de la realización personal y social de las personas. También quiero decir que en una asamblea plenaria del episcopado español con muchas intervenciones sobre este tema, se coincidió en la necesidad del diálogo constructivo y crítico con la Administración, desde la propia identidad.

¿Cabe la crítica?

Esta actitud debería presidir las relaciones de la Conferencia Episcopal Española con el Gobierno español. Lo cortés no quita lo valiente. Las buenas relaciones no privan de manifestar en lo que uno está de acuerdo con el otro y aquello en lo que no lo está. El diálogo cordial y crítico no lo entablamos para conseguir privilegios, sino para aportar a la convivencia social la riqueza del humanismo cristiano.

Otro problema es el deterioro de las relaciones entre Iglesia y medios de comunicación.

No creo que estas relaciones estén deterioradas. La vida y las muchas actividades de la Iglesia constituyen noticia, siempre que rija la objetividad y no impere una actitud laicista que pretende relegar la realidad religiosa a la privacidad y sólo a la interioridad de la conciencia y los templos. Es mucha la labor de cristianos y comunidades en un sinfín de campos que enriquecen la convivencia social. No siempre se informa de la Iglesia con la debida objetividad, lo que dificulta que la ciudadanía conozca cuanto tiene derecho a conocer.

Los medios de la Iglesia...

Hay que distinguir información y opinión. Todos los medios han de compaginar el derecho a la libertad de expresión con el deber al respeto a la verdad, dignidad y buena fama de las personas y las instituciones. Esto es más exigible a los medios que dependen de la Iglesia. En ocasiones he pedido que todos los programas de la Cope se adecuen al ideario aprobado por la Conferencia Episcopal Española. Si se armonizara la libertad de expresión con aquel respeto antes mencionado, la emisora haría más eficiente su libertad de expresión y sería bien aceptada por un público más amplio.
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